Nos levantamos a
las 7 de la mañana en el Pantano de Yesa, miro los guasaps y, mierda, Mikel me
dice que nuestro objetivo está aún bajo restricciones. Había leído que acababan
en Julio pero al parecer no, es hasta el 15 de Septiembre y aún no hemos
llegado.
AAAhhh, después
de todo el viaje.
Hay que
improvisar algo. Tras pensar e ir eliminando cosas vamos a Ansó a hacer esa vía
que me falta para complementar la trilogía de la pared.
Leemos en
internet y no la pintan muy bien, pero no será para tanto.
Vaya si lo era.
Entre que yo no
estoy muy fino, que aquello nos ha parecido bastante recio en cuanto a
graduaciones (le podemos subir un plus a casi todo), la mala roca, los
numerosos tramos de hierba casi vertical y la elevada exposición en algún punto;
creemos que queda relegada a la categoría de coleccionistas empedernidos.
Eso si, sigue la
línea mas clara y estética de la pared pero, lamentablemente, la belleza no es
su fuerte. Nos a parecido muy cutre prácticamente de principio a fin. Eso si,
sales a caldo para solo tener 5 largos.
Las mochilas no
ayudan en absoluto en alguna de las chimeneas, mejor dejarlas abajo.
He acabado
bastante frustrado, entre el dolor de pie, que esta vez me ha dolido hasta
escalando, algo que ya no me pasaba y lo que me ha costado subir por allí la
moral un poco por los suelos.
Bajamos bastante
bien por los rapeles de la vecina Anacoreta, que yo ya conocía, aunque no me
acordaba de nada.
Después directos
a la carretera por la canal junto a GUTZ, que ya me deja para el arrastre.
Con Aloe.